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viernes, 18 de diciembre de 2015
domingo, 6 de diciembre de 2015
Borradores del Mal Lector
«El silencio era hostil, casi perfecto.» (J. L. Borges)
Tu silencio fue hostil, casi perfecto.
Estaba ya tan hecho a tu latido
que al faltar tu palabra en mis oídos
el día se hizo negro como insecto.
Tu silencio era hostil, casi perfecto.
Te tornaste aire frío, y tu soplido
fue dejando mis huesos ateridos,
y el corazón en triste ángulo recto.
Contemplé el presente. Solo vi historia.
La caricia futura se hizo soga.
El rincón del pasado, suelo infecto.
De tu aliento solo queda la memoria.
La luz se va apagando, el tiempo ahoga.
Solo queda el silencio hostil, perfecto.
martes, 24 de noviembre de 2015
De Vita Beata
DE VITA BEATA
En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.
En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.
(Jaime Gil de Biedma)
A veces, el mal lector cierra perezosamente, un dedo dentro
para no perder la página, el libro que está mal leyendo y se deja llevar por el
hilo de sus pensamientos hasta un futuro imperfecto en el que, ya jubilado,
tendrá todo el tiempo del mundo para leer (se engaña pensando que entonces
leerá, que lo que le falta ahora es tiempo y no disciplina).
Y él, que es de ciudad de interior, de días fríos como filo
de navaja en invierno y días de verano que calientan la piel más que la fiebre,
recuerda el poema que antecede estos párrafos y se imagina en una localidad de
playa, con un clima más o menos amable casi todo el año. Una casa encalada en
las afueras, aunque no lejos de un núcleo urbano pequeño. En la que engañar al
sol bajo una sombra preferida en los días en que azote. En la que encender un
fuego en invierno, aunque no haga frío, por el simple placer de tener
un fuego encendido. Un pueblo de mar, en el que pescar por las tardes (siempre quiso saber pescar), y volver a casa sin capturas porque, siempre abstraído en la línea que lee, llega tarde al vibrar de la caña que indica que algún pez ha picado. En el que dar largos paseos por la playa, descalzo y andando lentamente por la arena. Parándose acaso a oír las
olas lamer, ya desfondadas, la orilla; a escuchar el crujir suave de la espuma, que
apenas antes amenazaba con su blancura desafiante y ahora entrega un último suspiro, ya casi transparente, y desaparece.
E ir a todos lados con un libro que se imagina ajado, las cubiertas arrugadas, amarillas las páginas (ese estado feliz al que todo volumen debería aspirar). Y
sentarse donde le pida el cuerpo, al calor amigo de ese sol que brilla a diario
en sus fantasías, abrir el libro al azar y leer, leer siempre, no entender nada nunca de lo leído, no sufrir, no
escribir, no pagar cuentas y vivir como un jubilado pensionista entre una
inteligencia que nunca fue mucho más que ruinas.
domingo, 23 de agosto de 2015
El Mal Lector vive solo
El Mal Lector vive solo desde hace unos meses.
Curiosamente
el Mal Lector es una persona que jamás, en casi 40 años que tiene, ha vivido en
soledad más allá de alguna breve estancia en el extranjero. De hecho ni
siquiera tuvo dormitorio para él solo cuando vivía aún en casa de sus padres.
A la hora de mudarse, el Mal Lector puso mucho cuidado en
que las cajas de libros no sufrieran daños. No tiene una gran colección, pero
sí tiene un gran cariño a la modesta biblioteca que ha ido reuniendo con los años
y que hace tiempo se ha estancado. Aún así, es posible que sea una colección
algo mayor que la media, si hemos de hacer caso a los trabajadores de la
empresa que hizo la mudanza, que después de guardar ya algunas de las cajas,
cada vez que cargaban una nueva, expresaban en una mezcla de sorna y hastío,
mientras se la pasaban de uno a otro: “¡más cultura!”.
El comienzo de la experiencia fue muy estimulante. El Mal Lector
se frotaba las manos pensando en que el silencio, la soledad, la tranquilidad,
serían tres grandes aliados para leer más. Tanto tiempo quejándose de que en su
antigua vivienda era difícil encontrar un paréntesis sin ruido para
concentrarse en la página, las perspectivas no podían ser mejores.
Pero el Mal Lector no defrauda nunca, y en estos casi dos
meses apenas ha leído algunas páginas sueltas. La mudanza ha dejado los libros
desordenados en los estantes, cuando no todavía en las cajas, a la espera de encontrar
su lugar en alguna balda, y el Mal Lector se agobia de verlos unos a lado de
otros con los que jamás debieran estar.
Además, aunque solo a veces, la soledad es un rumor tan
insistente y terco que se le hace difícil no oírla, siguiéndolo como una sombra
sonora, transparente y susurrante. Casi nunca hostil, solo ligeramente desasosegante.
En otras ocasiones, sin embargo, esa soledad, el silencio y cierta melancolía o
tristeza acuden, todos a la vez, como amables espectros a hacer compañía, y casi
se siente arropado y con ganas de servirles algo de beber.
domingo, 16 de agosto de 2015
Ítaca, de C. Cavafis
Lean a Cavafis, maldita sea. Hasta el Mal Lector es capaz de hacer recomendaciones sobre las que se siente absolutamente seguro.
Ítaca
“Cuando salgas de viaje para Ítaca,
desea que el camino sea largo,
colmado de aventuras, de experiencias colmado.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al irascible Posidón no temas,
pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino,
si tu pensamiento se mantiene alto, si una exquisita
emoción te toca cuerpo y alma.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al fiero Posidón no encontrarás,
a no ser que los lleves ya en tu alma,
a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti.
desea que el camino sea largo,
colmado de aventuras, de experiencias colmado.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al irascible Posidón no temas,
pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino,
si tu pensamiento se mantiene alto, si una exquisita
emoción te toca cuerpo y alma.
A los lestrigones y a los cíclopes,
al fiero Posidón no encontrarás,
a no ser que los lleves ya en tu alma,
a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que -¡y con qué alegre placer!-
entres en puertos que ves por vez primera.
Detente en los mercados fenicios
para adquirir sus bellas mercancías,
madreperlas y nácares, ébanos y ámbares,
y voluptuosos perfumes de todas las clases,
todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles.
Y vete a muchas ciudades de Egipto
y aprende, aprende de los sabios.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que -¡y con qué alegre placer!-
entres en puertos que ves por vez primera.
Detente en los mercados fenicios
para adquirir sus bellas mercancías,
madreperlas y nácares, ébanos y ámbares,
y voluptuosos perfumes de todas las clases,
todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles.
Y vete a muchas ciudades de Egipto
y aprende, aprende de los sabios.
Mantén siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero no tengas la menor prisa en tu viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que viejo al fin arribes a la isla,
rico por todas las ganancias de tu viaje,
sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas.
Llegar allí es tu destino.
Pero no tengas la menor prisa en tu viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que viejo al fin arribes a la isla,
rico por todas las ganancias de tu viaje,
sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas.
Ítaca te ha dado un viaje hermoso.
Sin ella no te habrías puesto en marcha.
Pero no tiene ya más que ofrecerte.
Sin ella no te habrías puesto en marcha.
Pero no tiene ya más que ofrecerte.
Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado.
Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,
ya habrás comprendido el significado de las Ítacas”.
Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,
ya habrás comprendido el significado de las Ítacas”.
jueves, 5 de marzo de 2015
«Nel mezzo del cammin...»
[N.B.: Efectivamente, el mal lector es tan pedante como para titular así una entrada de su diario. Bendito Google para los lectores de solapillas y citas famosas.]
El Mal lector se encuentra (con un poco de suerte; cruza los
dedos) a mitad del camino de la vida. Casi 40 años en los que, con lagunas, ha
leído de forma razonablemente regular. En cuanto a frecuencia, se entiende. En
cuanto a calidad ha leído de forma razonablemente lamentable. Ha pasado, es
cierto, alguna época desértica, sin llevarse una sola página a los ojos; pero
han sido las más las épocas de bulimia lectora, durante las que ha engullido
como si no hubiera un mañana para acabar no asimilando nada e incapaz de
retener lo leído en su memoria. A veces incluso le avergüenza admitir que ha
leído determinados títulos clásicos, por su incapacidad para rememorar ni
siquiera un dato, un detalle, una escena de los mismos. No digamos ya de haber
llegado a conclusiones tras su lectura.
Y se le plantea ahora una duda angustiosa a la luz de este
poco provecho lector. ¿Debe releer, intentar volver a acometer determinadas
piezas para sacarles el jugo que otros, mayormente amigos, sí han extraído de
ellas? ¿O admitir la culpa de media vida de lecturas precipitadas, hacer propósito
de enmienda, y seguir adelante, con la esperanza de que tanto que le queda por
leer, si bien leído, compensará su pasado de velocista?
Lo peor es que, mientras intenta resolver la duda, pasa el tiempo y no lee nada.
Lo peor es que, mientras intenta resolver la duda, pasa el tiempo y no lee nada.
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