martes, 1 de abril de 2014
Abril es el mes más cruel...
Este es el celebérrimo primer verso del más celebérrimo poema La Tierra Baldía, del celeberrimérrimo poeta y crítico literario T.S Eliot, que más de uno en Twitter estará citando hoy en plan cultureta. Tentación a la que el Mal lector no ha cedido por muy poco, todo sea dicho.
Pero lo citamos aquí por otra cuestión, y es la siguiente. Hubo un tiempo en que el Mal lector era un lector normal. Aún no era un mal lector. No quiere decir que fuese bueno, ni mucho menos. Simplemente era inconsciente de ser malo y de lo que estaba por venir.
Todo eso cambio la primera vez que leyó este poema. Fragmentario, simbólico, multilingüe, lleno de citas... Un auténtico rompecabezas de cuya lectura nació el Mal lector. Para que se hagan una idea, "Abril es el mes más cruel" es al Mal lector lo que la picadura de araña a Spiderman.
Por supuesto, después de leerlo entero al menos en una ocasión (quizá más) y leer fragmentos en otras muchas, el Mal lector aún no se ha enterado de un pimiento. Pero, ¿y lo bien que queda citar el primer verso?
martes, 11 de marzo de 2014
Nietzsche y la adolescencia del Mal lector
Además de mal lector, atributo que le acompaña desde hace muchos años, el Mal lector fue un pedante de cojones en su adolescencia. Sigue siéndolo (quien tuvo...), pero entonces lo fue mucho más. Y como la mujer del César, no solo lo era sino que procuraba aparentarlo, así que en algún momento decidió leer algo de Nietzsche, más por pose que por verdadero interés ("El Anticristo", porque le parecía que el título solo ya eran miles de puntos de pose extra). O quizá se debiera a que en algún sitio recordaba haber leído que la locura final del autor tenía que ver con un "reblandecimiento del cerebro" y tuviera curiosidad por leer qué salía de un cerebro más blandito de lo habitual.
Eso fue hace años, en fin. Ahora, con renovada curiosidad, vuelve a coger entre sus manos aquel tomito que leyó en su juventud. Se sienta en el sillón, lo abre al azar, ojea algunos de sus párrafos y por un momento se siente de nuevo adolescente, rejuvenecido. Le invade la misma sensación que experimentó, hace años, al leer aquellas páginas: no se entera de una mierda de lo que el bigotón quería decir con todo aquello.
Eso fue hace años, en fin. Ahora, con renovada curiosidad, vuelve a coger entre sus manos aquel tomito que leyó en su juventud. Se sienta en el sillón, lo abre al azar, ojea algunos de sus párrafos y por un momento se siente de nuevo adolescente, rejuvenecido. Le invade la misma sensación que experimentó, hace años, al leer aquellas páginas: no se entera de una mierda de lo que el bigotón quería decir con todo aquello.
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