[N.B.: Efectivamente, el mal lector es tan pedante como para titular así una entrada de su diario. Bendito Google para los lectores de solapillas y citas famosas.]
El Mal lector se encuentra (con un poco de suerte; cruza los
dedos) a mitad del camino de la vida. Casi 40 años en los que, con lagunas, ha
leído de forma razonablemente regular. En cuanto a frecuencia, se entiende. En
cuanto a calidad ha leído de forma razonablemente lamentable. Ha pasado, es
cierto, alguna época desértica, sin llevarse una sola página a los ojos; pero
han sido las más las épocas de bulimia lectora, durante las que ha engullido
como si no hubiera un mañana para acabar no asimilando nada e incapaz de
retener lo leído en su memoria. A veces incluso le avergüenza admitir que ha
leído determinados títulos clásicos, por su incapacidad para rememorar ni
siquiera un dato, un detalle, una escena de los mismos. No digamos ya de haber
llegado a conclusiones tras su lectura.
Y se le plantea ahora una duda angustiosa a la luz de este
poco provecho lector. ¿Debe releer, intentar volver a acometer determinadas
piezas para sacarles el jugo que otros, mayormente amigos, sí han extraído de
ellas? ¿O admitir la culpa de media vida de lecturas precipitadas, hacer propósito
de enmienda, y seguir adelante, con la esperanza de que tanto que le queda por
leer, si bien leído, compensará su pasado de velocista?
Lo peor es que, mientras intenta resolver la duda, pasa el tiempo y no lee nada.
Lo peor es que, mientras intenta resolver la duda, pasa el tiempo y no lee nada.
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