De la mala lectura se derivan consecuencias y el mal lector es, además, mal conversador. A veces le cuesta algún reproche: “No has abierto la boca en todo este rato ¿Así vas a estar toda la tarde?” Con los años, incluso, le cuesta expresar sus ideas con claridad y, por pura pereza, cuando se da cuenta de que la frase que ha comenzado no lleva en línea recta al concepto que desea expresar, la deja morir antes de hacer el esfuerzo de reformularla. Y aunque parezca tontería, hay pocas ocasiones en las que agotar la charla hasta sus límites, siempre hay que hacer algo, nunca hay suficiente tiempo. Pero además, determinadas conversaciones le producen rechazo, por hastío, cansancio, desazón. Suelen ser, sobre todo, las que se ocupan de temas muy actuales.
Como un mal plagio del Robinson urbano, camina el mal lector por la Plaza de la Pescadería. El penúltimo sol que se refleja en la Catedral tiene algo de la tonalidad de las cervezas que la gente disfruta en las terrazas o en los mismos bancos de la plaza. En uno de ellos, dos hombres comentan la noticia más impactante de los últimos días: “…apenas a 50 km. de Islamabad, no en una cueva en las montañas, como se pensaba”. Esto dicho con asombro, con tono de novedad. Y el solo eco de apenas estas palabras provoca de nuevo en el mal lector ese hastío o cansancio. ¿No se habían pronunciado, hasta la náusea, frases prácticamente iguales en radio, televisión, prensa, redes…? Y la gente las sigue repitiendo, una y otra vez, como si la acuñasen por primera.
El mal lector siente un hastío o cansancio que no es hastío o cansancio pedante. No se siente así porque la gente no sea capaz de decir nada original. Es un cansancio frustrado. Se siente frustrado porque él tampoco es capaz de decir nada original sobre el tema o sobre otros, porque es consciente de que si él fuera uno de esos hombres, echaría mano de la misma frase con tono de asombro y novedad por pura incapacidad intelectual de no recurrir a pensamientos enlatados. Es la conciencia de esa mediocridad la que le cansa.
Y ni siquiera le gusta la cerveza.