jueves, 5 de mayo de 2011

Diario del Mal lector (2)


De la mala lectura se derivan consecuencias y el mal lector es, además, mal conversador. A veces le cuesta algún reproche: “No has abierto la boca en todo este rato ¿Así vas a estar toda la tarde?” Con los años, incluso, le cuesta expresar sus ideas con claridad y, por pura pereza, cuando se da cuenta de que la frase que ha comenzado no lleva en línea recta al concepto que desea expresar, la deja morir antes de hacer el esfuerzo de reformularla. Y aunque parezca tontería, hay pocas ocasiones en las que agotar la charla hasta sus límites, siempre hay que hacer algo, nunca hay suficiente tiempo. Pero además, determinadas conversaciones le producen rechazo, por hastío, cansancio, desazón. Suelen ser, sobre todo, las que se ocupan de temas muy actuales.
Como un mal plagio del Robinson urbano, camina el mal lector por la Plaza de la Pescadería. El penúltimo sol que se refleja en la Catedral tiene algo de la tonalidad de las cervezas que la gente disfruta en las terrazas o en los mismos bancos de la plaza. En uno de ellos, dos hombres comentan la noticia más impactante de los últimos días: “…apenas a 50 km. de Islamabad, no en una cueva en las montañas, como se pensaba”. Esto dicho con asombro, con tono de novedad. Y el solo eco de apenas estas palabras provoca de nuevo en el mal lector ese hastío o cansancio. ¿No se habían pronunciado, hasta la náusea, frases prácticamente iguales en radio, televisión, prensa, redes…? Y la gente las sigue repitiendo, una y otra vez, como si la acuñasen por primera.
El mal lector siente un hastío o cansancio que no es hastío o cansancio pedante. No se siente así porque la gente no sea capaz de decir nada original. Es un cansancio frustrado. Se siente frustrado porque él tampoco es capaz de decir nada original sobre el tema o sobre otros, porque es consciente de que si él fuera uno de esos hombres, echaría mano de la misma frase con tono de asombro y novedad por pura incapacidad intelectual de no recurrir a pensamientos enlatados. Es la conciencia de esa mediocridad la que le cansa.
Y ni siquiera le gusta la cerveza.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Diario del Mal lector - Conversación en la catedral


El Mal lector intenta leer "Conversación en La Catedral", del reciente Premio Nobel Vargas Llosa, y no puede menos que acordarse de muchas personas, de árboles genealógicos enteros, de todos y cada uno de los antepasados, en fin, de los llamados renovadores de la novela contemporánea. ¿Tenía algo malo la novela decimonónica, el folletín, la clásica estructura de exposición, nudo y desenlace? Nooooo, había que renovar, había que cambiar, había que innovar. ¿No oyeron nunca Kafka, Joyce y los de su ralea eso de "lo que funciona es mejor no tocarlo"? ¿Será que el dublinés realmente quería escribir novelas normales, pero con aquello de que estaba medio ciego no acertaba a ordenar bien los manuscritos al enviarlos a imprenta?
Sea como fuere, lo cierto es que se pierde con esa novela. Las primeras páginas le pillaron desprevenido y pronto se encuentra desorientado. «¿En qué momento estamos? ¿Quién habla? ¿A quién se dirige el narrador? ¿Es esto un diálogo o no? ¿Pero hace un momento no estaban en una habitación, por qué ahora están en otra casa y a la línea siguiente habla uno de los contertulios de una situación que ocurre varios años después?» Y para colmo, cuando se aclara con la situación, se ve superado por el vocabulario. Y a ver quién se atreve a protestar, que con eso de que hay que hacer un esfuerzo intelectual para obtener todo el placer que puede reportar la lectura y demás zarandajas…
Y así sigue, que no ha ganado el título de Mal lector en una tómbola...