El Mal lector intenta leer "Conversación en La Catedral", del reciente Premio Nobel Vargas Llosa, y no puede menos que acordarse de muchas personas, de árboles genealógicos enteros, de todos y cada uno de los antepasados, en fin, de los llamados renovadores de la novela contemporánea. ¿Tenía algo malo la novela decimonónica, el folletín, la clásica estructura de exposición, nudo y desenlace? Nooooo, había que renovar, había que cambiar, había que innovar. ¿No oyeron nunca Kafka, Joyce y los de su ralea eso de "lo que funciona es mejor no tocarlo"? ¿Será que el dublinés realmente quería escribir novelas normales, pero con aquello de que estaba medio ciego no acertaba a ordenar bien los manuscritos al enviarlos a imprenta?
Sea como fuere, lo cierto es que se pierde con esa novela. Las primeras páginas le pillaron desprevenido y pronto se encuentra desorientado. «¿En qué momento estamos? ¿Quién habla? ¿A quién se dirige el narrador? ¿Es esto un diálogo o no? ¿Pero hace un momento no estaban en una habitación, por qué ahora están en otra casa y a la línea siguiente habla uno de los contertulios de una situación que ocurre varios años después?» Y para colmo, cuando se aclara con la situación, se ve superado por el vocabulario. Y a ver quién se atreve a protestar, que con eso de que hay que hacer un esfuerzo intelectual para obtener todo el placer que puede reportar la lectura y demás zarandajas…
Y así sigue, que no ha ganado el título de Mal lector en una tómbola...
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