martes, 11 de marzo de 2014

Nietzsche y la adolescencia del Mal lector

Además de mal lector, atributo que le acompaña desde hace muchos años, el Mal lector fue un pedante de cojones en su adolescencia. Sigue siéndolo (quien tuvo...), pero entonces lo fue mucho más. Y como la mujer del César, no solo lo era sino que procuraba aparentarlo, así que en algún momento decidió leer algo de Nietzsche, más por pose que por verdadero interés ("El Anticristo", porque le parecía que el título solo ya eran miles de puntos de pose extra). O quizá se debiera a que en algún sitio recordaba haber leído que la locura final del autor tenía que ver con un "reblandecimiento del cerebro" y tuviera curiosidad por leer qué salía de un cerebro más blandito de lo habitual.

Eso fue hace años, en fin. Ahora, con renovada curiosidad, vuelve a coger entre sus manos aquel tomito que leyó en su juventud. Se sienta en el sillón, lo abre al azar, ojea algunos de sus párrafos y por un momento se siente de nuevo adolescente, rejuvenecido. Le invade la misma sensación que experimentó, hace años, al leer aquellas páginas: no se entera de una mierda de lo que el bigotón quería decir con todo aquello.